Josep Comabella Rabassa (Wilebaldo Solano, 2000)

Josep Comabella y Rabassa nació en 1908 en Ponts, pueblo de la provincia de Lérida, y murió en Barcelona en 1981, tras una vida agitada e intensa en la que se destacó brillantemente en diversos dominios. Huérfano de padre en plena infancia, se trasladó con su familia a la ciudad de Lérida, donde se desarrolló su vida escolar, tras la que comenzó a trabajar en una ferretería. Se formó por sí mismo como tantos jóvenes de su época y se destacó en seguida por su pasión por la literatura y las luchas sociales. Leer artículo “Josep Comabella Rabassa (Wilebaldo Solano, 2000)”

“Socialismo o fascismo”. Joaquín Maurín (Alfonso Clavería)

Edita: Gobierno de Aragón.  Zaragoza  2011. 160 páginas

 

El  Gobierno de Aragón, mediante su Departamento de Educación, Cultura y Deporte, ha editado, cumpliendo una vieja promesa hecha a la Fundación Andreu Nin, una selección de textos del pensador revolucionario oscense y dirigente político del POUM, Joaquín Maurín.
Leer artículo ““Socialismo o fascismo”. Joaquín Maurín (Alfonso Clavería)”

Francesc de Cabo,1910-1997 (Enrique del Olmo, 1997)

El 15 de enero de 1997, a las once de la noche, una llamada de Sara de Cabo me comunicaba que Francisco había fallecido por la mañana y me pedía que se lo transmitiera a los compañeros de la Fundación Nin y a los viejos amigos como Emma Roca, Alberto Aranda, Eugenio F. Granell, etc. Leer artículo “Francesc de Cabo,1910-1997 (Enrique del Olmo, 1997)”

Enrique Ariño, un militante ejemplar (Wilebaldo Solano, 2002)

El 13 de marzo de 2002 falleció en París el compañero Enrique Ariño Quintilla como consecuencia de una grave enfermedad que le mantuvo alejado de toda actividad política. Ariño nació en 1912 en Barcelona y fue miembro del Comité Ejecutivo de la Juventud Comunista Ibérica durante la guerra civil y del Comité Ejecutivo del POUM en los últimos años del exilio. Había nacido en Barcelona el 13 de abril de 1912.

Enrique Ariño era ceramista. Le enseñó el oficio Joaquín Carbonell, simpatizante del Bloque Obrero y Campesino. Trabajó durante muchos años en una importante empresa de cerámica de Barcelona e ingresó en el BOC siendo muy joven y se integró en seguida en la Juventud Comunista Ibérica. Era lo que podríamos llamar el militante obrero ejemplar de aquellos años. Sólo había pasado por la escuela primaria y tenía una sed de instrucción y cultura impresionante. El militante sindical y político, con pleno sentido de sus responsabilidades, quería saber todo lo que no le había procurado la enseñanza elemental. Leía y estudiaba con verdadera pasión y se acercaba a los estudiantes de la Juventud Comunista Ibérica en demanda constante de informaciones y libros. Cuando creamos la Asociación de Estudiantes Revolucionarios, se puso en relación con nosotros para que estableciéramos una relación eficaz con los alumnos de formación profesional de la Escuela Industrial de Barcelona, cosa que logramos sin dificultad y dió un nuevo carácter a nuestra organización. La AER comenzó a ser considerada y respetada por los dirigentes de la famosa Universidad Autónoma de Barcelona.

Ariño, siempre disponible para el trabajo y la acción, participó en todas las actividades del BOC, de la JCI y del POUM (manifestaciones, huelgas, jornadas de Octubre de 1934, lucha contra los militares insurrectos en Julio de 1936). En septiembre de l936 fue elegido miembro del Comité ejecutivo de la JCI en la conferencia general de esta organización celebrada en Barcelona, Fue secretario de organización hasta su detención por la policía stalinista en Abril de 1937. Los jueces le enviaron a la Prisión del Estado de Barcelona donde se encontraban Andrade, Solano, Gorkín, Rodes y otros dirigentes del POUM. Fue evacuado con ellos a la prisión de Cadaqués dos días antes de la caída de Barcelona. Logró, como los demás, pasar a Francia. Cuando estalló la guerra fue asignado a Chartres en residencia vigilada, con Andrade y Solano y otros compañeros.

Durante la segunda guerra mundial vivió en condiciones muy difíciles y estuvo a punto de ser deportado a Alemania. Finalmente, logró un trabajo interesante en una fábrica de porcelana de Limoges. Siguió militando en el POUM y fue elegido miembro del Comité ejecutivo en 1970. Regresó a España en 1976, pero motivos profesionales y familiares le obligaron a volver a París. Enrique Ariño, como tantos otros militantes de la JCI y del POUM, vivirá en la memoria de todos los que le conocieron y le estimaron en los días de lucha y de gloria de su generación que están fuertemente grabados en la Historia.

Los nuestros: Alberto Aranda (Wilebaldo Solano, 1997)

Semblanza publicada originalmente en Iniciativa Socialista nº 45, junio de 1997, e incluida en el libro de Wilebaldo Solano El POUM en la historia

El 6 de abril falleció en Madrid, donde vivía después de un largo exilio en Francia, Alberto Aranda, obrero mecánico del “Metro” madrileño y militante ejemplar del POUM. Tenía 92 años y nos parecía que iba a seguir viviendo porque su sola presencia, cordial y estimulante, nos impresionaba a todos sus amigos y compañeros. Hablar y bromear con Aranda era siempre un placer. Como lo pudimos comprobar, una vez más, en los actos que se realizaron en Madrid en Junio de 1995 para celebrar el triunfo de Tierra y Libertad, el magnífico film de Ken Loach.

Aquella noche, Aranda contó muchas anécdotas de su vida militante y yo sugerí que se le hiciera una larga interviú filmada sobre sus actividades en los momentos más importantes de las luchas del POUM (guerra civil, represión stalinista, clandestinidad bajo el fraquismo) ,en los que Aranda estuvo siempre en primera línea. Fue de los mejores en todas las misiones que le confió el partido. En fin, tengo entendido que mi sugestión se aplazó demasiado.

En Julio de 1935, Aranda intervino en las luchas de Madrid para aplastar a los militares sublevados y en seguida participó en la organización de la Columna Motorizada del POUM de Madrid mandada por el vasco-argentino Hipólito Etchebehere. Esta columna combatió en: el frente de Sigüenza con el Batallón Pasionaria en aquellos días de euforia unitaria “en que todos parecíamos unos” en el gran combate. La propia Pasionaria, tan sectaria después, le había dicho a Hípólito que “ahora no hay más problema que la lucha común contra el fascismo”. Hipólito murió poco después al frente de su columna, como otros mílícianos del POUM de Madrid y de Extremadura.

Las misiones especiales de Aranda

Aranda se ocupó al principio de instruir a los milicianos recién reclutados en el manejo de las armas. Pero cayó herido en la catedral de Sigüenza y fue evacuado a Madrid y luego a Barcelona. Poco tiempo después se incorporó a las milicias del POUM del frente de Aragón. Cuando se desencadenó la represión stalinista impuesta por Moscú y se produjo la disolución de la 29 División que mandaba Josep Rovira (episodio reconstruido en Tierra y Libertad por Ken Loach) se creó una situación muy especial para los combatientes del POUM en los diversos frentes.

El POUM estaba en ilegalidad y no podía disponer de unidades militares. La directiva general fue que los oficiales y soldados poumistas se presentaran en los centros de reclutamiento, donde en principio tenían que ser distribuidos en diversas unidades “según sus méritos”. Indalecio Prieto, ministro de Defensa, liberó a Josep Rovira, jefe de la 29 División y garantizó que los oficiales poumistas nombrados por el Ministerio conservarían sus funciones. Crescenciano Bilbao, subsecretario de Defensa, garantizó tambien los nombramientos de comisarios políticos. Pero los primeros combatientes del POUM que se presentaron en los centros de reclutamiento o en los mandos de las Divisiones fueron rechazados o detenidos. Algunos de ellos, como el Comisario Hervás y los maestros Trepat y Xuriguerra fueran asesinados.

Ante esta situación, que, como era natural, provocó una campaña de denuncia de tales crímenes en nuestra prensa clandestina (La Batalla, Juventud Obrera y demás), el Comité Ejecutivo del POUM decidió nombrar una comisión encargada de la “cuestión militar” (Rovira, Arquer, Solano). Esta comisión se puso en relación con los organismos dirigentes de la CNT-FAI, de la Izquierda Socialista (Largo Caballero, Zancajo) y de la prensa no sometida al stalinismo. Sin grandes problemas, llegamos a un acuerdo para que los combatientes poumistas se incorporaran a las Divisiones y Brigadas mandadas por cenetistas y socialistas de izquierda y, a veces, prietistas. De esta manera salvamos de situaciones difíciles a centenares de compañeros. La tarea resultó más fácil gracias a la acción personal de Pedro Herrera, secretario de la FAI, y de Crescenciano Bilbao, y al trabajo excepcional de un pequeño equipo animado por Alberto Aranda, que hizo el enlace entre el C.E. del POUM y los núcleos del POUM dispersos en las unidades militares de los frentes. Aranda y sus adjuntos mantenían la relación, establecían contactos, difundian nuestra prensa y nos traían las informaciones y la temperatura que prevalecía en los frentes. Más de una vez pasamos momentos de angustia al comprobar que Aranda no volvía en las fechas previstas y al pensar que podía haber caído en una trampa del SIM ruso-stalinista. Pero la cosa funcionó bien hasta la caída de Barcelona.

Enlace en la frontera de los Pirineos

Este episodio, que es quizás el más importante de la vida de militante de Alberto Aranda y que, como me decía recientemente un amigo, podría facilitar un material fabuloso a cualquier novelista con un poco de imaginación, no es el único digno de consideración y exaltación. En los años 40-50 (segunda guerra mundial y caída del fascismo en Europa) el POUM, solo o en contacto estrecho con los primeros grupos de la Resistencia francesa mantuvo diversos servicios de enlace entre Francia y España. Tanto para sacar de España a antifranquistas perseguidos como para ayudar a pasar a España clandestinamente a los antífascistas y revolucionarios acosados por la Gestapo y la policía de Vichy. Pero, con todo, la tarea esencial fue la relación y el trabajo ilegal de las organizaciones emigradas en Francia con las primeras fuerzas que iniciaron la resistencia al terror franquista en 1939-1942 en Barcelona, en Madrid y en Asturias. El POUM se reconstruyó muy pronto y una pequeña vanguardia heroica logró denunciar el propio asesinato de Lluis Companys mediante un periódico especial escrito en la Cárcel Modelo de Barcelona y difundido en condiciones increibles.

Alberto Aranda, exiliado en Dijon tras haber logrado salir del campo de concentración, se ofreció en seguida al C.E. del POUM para incorporarse al servicio de enlace con España que dirigían Luis Roc y Ramón Bitriu, un militante leridano injustamente olvidado. Su oferta fue aceptada sin vacilaciones porque todos conocíamos las cualidades de Aranda: experiencia, valor acreditado, sentido de la responsabilidad, afán de ser útil en las misiones más audaces y arriesgadas, fidelidad al POUM calumniado y perseguido por múltiples adversarios. Y casi no es preciso decir que Aranda estuvo a la altura de las circunstancias en todo momento durante varios años. A él se le confió todo lo más delicado y peligroso. Las fuerzas de represión atacaron a nuestro servicio, asesinaron al compañero Franquesa en Barcelona, nos obligaron a interrumpir misiones de otros camaradas. Aranda siguió siempre en su puesto hasta el momento en que consideramos que era mejor que se replegara a Dijon, donde siguió trabajando como mecánico y militando como poumista. Luego vino su jubilación en Ceret y su regreso a Madrid, en donde se incorporó a la Fundación Andreu Nin y tuvo la suerte de pasar los últimos años de su vida -los años de Operación Nikolai y de Tierra y Libertad, de la gran rehabilitación histórica del POUM- con jóvenes camaradas que le respetaron y estimaron y que no le olvidarán. Era un hombre sencillo, bueno, jovial, que inspiraba la consideración y la simpatía.Y fue un gran militante del POUM.

El POUM en la memoria . Andalucia Libre.2005

“La dirección del Partido oficial (el PCE) no ha hecho nada absolutamente por crear en Vasconia, en Galicia y en Andalucía un movimiento de independencia nacional íntimamente ligado a la clase obrera revolucionaria (…) Nosotros somos partidarios ardientes de la independencia de Cataluña, de Euskadi, de Galicia, de Andalucía, etc. La burguesía no ha podido hacer la unidad ibérica. Ha mantenido la cohesión mediante un régimen de opresión constante. España, que no es una nación sino un Estado opresor, debe ser be ser disgregada”. Carta abierta de la Federación Comunista Catalano-Balear al Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, La Batalla, 1 de Mayo de 1931.

[Citada en Grandizo Munis, “Jalones de Derrota, Promesa de Victoria. Critica y Teoría de la Revolución española (1930-1939)”, Zero Zyx, Madrid, 1977, pags. 70-71; Víctor Alba, “Dos Revolucionarios: Andreu Nin y Joaquín Maurin”, Madrid, 1975, Págs. 133-134; Andrew Charles Dugan, “BOC 1930-1936, El Bloque Obrero y Campesino”, Laertes, Barcelona, 1996, pag. 105]

La cita anterior no pretende en absoluto describir cual fue la posición del POUM sobre la cuestión nacional en general y la andaluza en particular.

De hecho, las brillantes intuiciones políticas que contenía este documento de 1931 -cronológicamente el primero que conocemos expresamente favorable a la independencia andaluza- quedaron sin continuidad. Hecho publico sólo quince días después de las proclamaciones de la República Catalana -reconvertida por Macià en Generalitat autónoma- y de la II República Española, sus posiciones fueron pronto matizadas en junio de 1931 por la FCC-B a traves de su líder y portavoz Joaquim Maurin, en un sentido favorable a la “separación para la libre unión”. Las referencias al problema nacional de Andalucía desaparecieron de los textos de la FCC-B y de sus sucesores, Federación Comunista Ibérica y Bloque Obrero y Campesino; ausencia a la que quizá coadyuvaron tanto su evolución general en esta cuestión como su carencia de implantación en nuestra Nación así como las debilidades políticas del movimiento andalucista histórico de Blas Infante. El BOC, presente básicamente en Cataluña -donde era la principal fuerza política socialista y competía con ERC y CNT- centró lógicamente desde 1932 su atención en este tema en la elaboración de sucesivas actualizaciones tácticas ante la cuestión catalana, al hilo de la complejísima evolución de la situación política y social en este periodo revolucionario. Además, también hay que hacer constar que en su momento su formulación y defensa por la FCC-B provocó muy duras respuestas por parte de Andréu Nin y de la ICE, en términos más afines a los que entonces -y ahora- se entendía por “ortodoxia leninista”. (La ICE sí que tenía presencia en Andalucía, contando con organizaciones locales -que luego fueron del POUM- en Sevilla, Cádiz, Gerena, Guadalcanal, Algeciras, Jaén y Fuensanta de Martos y en la vecina Llerena, exterminadas todas por los franquistas) (1).

Si hemos recuperado ahora este aspecto parcial de la “prehistoria” del POUM es para llamar la atención a su traves sobre el riquísimo caudal de perspectivas que encierra el conocimiento de la trayectoria de las dos corrientes revolucionarias que, configuradas en torno a 1930, confluyeron en su formación en septiembre de 1935: la Izquierda Comunista, sección de la Oposición de Izquierda y el Bloque Obrero y Campesino. Enseñanzas que no se agotan en absoluto en el nivel teórico de sus elaboraciones ni en el interés de sus aportaciones en el terreno del análisis o en el caudal informativo y polémico aportado por las discusiones cruzadas entre sí, con Trotsky y la Oposición de Izquierda Internacional o con otras organizaciones de la izquierda, sean los diversos nacionalistas de izquierda, los estalinistas del PCE o las diferentes corrientes del socialdemócrata PSOE o del movimiento anarco-sindicalista. El BOC y la IC fueron dos organizaciones militantes que durante la etapa republicana desarrollaron con honestidad el intento de construir una estrategia revolucionaria acorde a la situación en la que les tocó operar, defendiendo en la practica un proyecto socialista revolucionario coherente. Así es obligado recordar que sin su trabajo e influencia social, sindical y política no es posible entender -por ejemplo- la formación de las Alianzas Obreras que encabezarían las insurrecciones de Asturias y Cataluña en 1934 o fenómenos políticos de importancia como el origen, alcance y limites de la radicalización del PSOE-UGT entre 1933 y 1936 ante el ascenso de la amenaza fascista y la crisis terminal del régimen republicano.

Llegado 1936, el POUM constata que la alternativa está planteada entre fascismo y socialismo. En condiciones muy difíciles, intenta articular su inmersión en la masiva corriente de respuesta popular unitaria con aspiraciones democrático-socialistas que se plasma en el triunfo de la coalición obrera-republicana en las elecciones de febrero -una vez que no consigue que se de un frente de izquierdas socialistas sin adherencias azañistas- combinándola con el impulso y centralización del vigoroso movimiento obrero y popular que se expresa en esas fechas a partir de la victoria electoral, con multitud de huelgas y ocupaciones de tierras. Denuncia que mientras esto ocurre, se gesta y extiende la conspiración militar-fascista, alertando ante la pasiva connivencia del Gobierno republicano del Frente Popular. Luego de que la movilización revolucionaria derrote el golpe militar en Julio y abra paso a la guerra civil, el POUM intentará que la vinculación entre “Guerra y revolución/Revolución y guerra” se mantenga, entendiendo esta conexión como única vía para la victoria; sufriendo, primero, las consecuencias de su condición minoritaria ante la CNT y la izquierda largocaballerista del PSOE y luego, la embestida directa del Frente Popular (ERC, republicanos Azañistas, derecha prietista del PSOE y gubernamentales de la CNT) a traves del ariete del estalinista PCE-PSUC. Tras las primeras escaramuzas contra el POUM de Madrid en noviembre de 1936, el estallido de la provocación de las Jornadas de Mayo de 1937 en Barcelona y la ulterior capitulación de la CNT, el Régimen republicano ilegalizará al POUM buscando con ello abrir paso franco a la liquidación de las conquistas revolucionarias de Julio de 1936 y reinstaurar el descompuesto régimen de la II República.

A avalar ese objetivo, encubriéndolo tras calumnias, responde el intento de trasmutar al POUM en una “agencia de espionaje franquista”, faena a la que se dedican con virulencia el PCE-PSUC. Siguiendo la técnica de los Procesos de Moscú -denunciados valientemente por el POUM en su prensa- agentes de la policía secreta soviética en colaboración con estalinistas españoles secuestran a Andréu Nin, secretario político del POUM, para intentar arrancarle una confesión de su presunta “traición”. La heroica resistencia a las torturas de Nin lleva a su asesinato y desaparición y el escándalo internacional subsiguiente salva a los otros detenidos del POUM de similar destino, pese a su condena judicial, que los mantendrá, no obstante, en prisión hasta el avance franquista, cuando aprovechan la confusión para evadirse.

En medio de una desmoralización general creciente en el campo popular, el POUM se reconstruye en la clandestinidad, reanudando su trabajo que persistirá en la resistencia tras la victoria franquista, recomponiendo una seria organización ilegal en Cataluña y Madrid.

En 1945 el POUM sufrirá la escisión de una parte de su organización catalana que dará lugar a la formación del Moviment Socialista de Catalunya (MSC), organización que defiende la formación de una nueva socialdemocracia catalana. En plena guerra fría e influidos por ese contexto, abandonaran también el POUM del exilio otros antiguos militantes que pasaran del antiestalinismo a la “estalinofobia”. En 1952, el POUM resentirá los efectos de una amplia caída de militantes del interior, detenidos por la policía franquista, quedando reducido en la practica a una organización del exilio, desde donde desarrolla en adelante tareas de propaganda, infraestructura y apoyo a las fuerzas antifranquistas del interior. Durante los últimos años del franquismo, la incorporación de algunos nuevos jóvenes militantes llevará a un intento frustrado de reconstrucción política del POUM en el interior como organización de izquierda revolucionaria que -aparte de otras dificultades- tendrá que sobrellevar y superar los efectos de una operación paralela destinada a sumar la “imagen del POUM” en el haber de quienes pretenden reorganizar la socialdemocracia en Cataluña. Resuelto el envite, el nuevo POUM no conseguirá sin embargo sostenerse y terminará su actividad partidaria hacia finales de 1980 (no sin que antes, algunos militantes andaluces del POUM participen con otras fuerzas como FLA y JCA en la efímera formación del independentista Frente Andaluz de Liberación en 1979).

El Hilo Rojo

Las fuentes y obras ya accesibles nos permiten distinguir las actuaciones del momento de sus interpretaciones posteriores, incluso cuando estas son efectuadas por algunos de sus protagonistas y situar en su adecuado lugar las diferencias habidas incluso cuando toman forma virulenta. Lo más productivo es acercarse a ellas no a partir de previos alineamientos doctrinarios sino animados por la voluntad de saber y entender, intentando ponerse sinceramente en el lugar de aquellos y aquellas militantes del POUM que aún hoy, 70 años después, siguen mereciendo nuestro testimonio de respeto y admiración.

La reivindicación del POUM hoy va más allá del reconocimiento debido a una corriente militante que fue socialista revolucionaria y democrática -“cuando era media noche en el siglo”- y la más avanzada en su época en la comprensión desde la izquierda del problema nacional. No se limita al restablecimiento necesario de un hilo ético de continuidad honrosa, que trasciende el nivel de acuerdos y desacuerdos concretos posibles fruto de la evolución histórica o de las diferencias en perspectivas políticas. Es un ejercicio de justicia histórica que, sin requerir en absoluto identificación acrítica alguna, sino bien al contrario, sosteniéndose en el minucioso conocimiento de los hechos y en su intenso debate subsiguiente nos ofrece argumentos sobrados para contraponer en la polémica política actual a quienes aún hoy siguen, bien justificando explicita o vergonzantemente al Régimen franquista, bien -sea en versión socialdemócrata o zombiestalinista- ocultan la realidad histórica para presentar aquel periodo revolucionario como una simple confrontación entre “democracia-liberal” y “totalitarismo”, desde la que justificar sus posteriores transacciones con los herederos del franquismo y su colaboracionismo con el Régimen actual.

Quede expresa nuestra consideración del POUM como experiencia militante histórica, que forma parte del patrimonio plural de quienes ahora, en pleno siglo XXI, luchan en Andalucía por la Independencia y el Socialismo.

Nota (1): Para datos de implantación en Andalucía de la ICE, ver Pelai Pages, “El Movimiento Trotskista en España (1930-1935)”, Ediciones Península, Barcelona, 1977, pag. 90; Para datos de implantación del BOC y del POUM, ver: Andrew Charles Dugan, “BOC 1930-1936, El Bloque Obrero y Campesino”, Laertes, Barcelona, 1996, Apendices pag. 535 y ss.

Aquilino Moral (1896-1979). W.Solano 1997

El 16 de febrero de 1979 falleció en La Felguera (Asturias) nuestro compañero Aquilino Moral Menéndez, militante de la CNT y del POUM. Su entierro constituyó una impresionante manifestación de duelo, a la que se asociaron casi todas las organizaciones obreras de la región. Su féretro fue llevado a hombros por sus camaradas y amigos más íntimos desde su casa hasta el cementerio de Pando, donde Aquilino reposará para siempre.

Aquilino Moral tenía ya 85 años. Pero ni él ni nadie de los que convivían con él pensaban que el fatal desenlace pudiera producirse tan pronto… No hay aquí la menor paradoja. Aquilino era un hombre de una enorme vitalidad. Pese a sus años, había conservado una lucidez excepcional, una memoria prodigiosa y un entusiasmo que le envidiaban no pocos jóvenes.

La prensa asturiana ha destacado en diversas notas y artículos sus cualidades humanas, su significación sindical y política y su valor militante. La Voz de Asturias ha recordado que “semanas antes de su muerte, pegó pasquines y repartió octavillas y manifiestos a la salida de los turnos de Duro Felguera”. El mismo periódico, en el que Aquilino colaboraba con artículos “mal hilvanados”, según afirmaba sin pretensión alguna, ha dicho también que, enfermo en la cama, aprovechaba para dictar a una nieta suya el trabajo que sobre Melquíades Álvarez [el político republicano que, tras una evolución derechista, llegó a estar relacionado con el levantamiento militar del 17 de julio de 1936] y otras personas pensaba publicar en el Portafolio de San Pedro. En este álbum literario aparecía siempre con puntualidad su trabajo sobre el ayer felguerino. Y es que aquel ayer no se le había olvidado.

Aquilino Moral era un obrero de La Felguera, esa ciudad que tanto representa en la historia de las luchas sociales de España. Pertenecía a esa generación de militantes que se forjó en el potente movimiento obrero asturiano de los años 1915-1930. Un proletariado “profundamente reflexivo que detesta la aventura” pero que sabía mejor que nadie preparar y organizar las grandes batallas (huelga general de 1917, revolución de octubre de 1934, etc.), como analizó magistralmente Joaquín Maurín, al que, por cierto, Aquilino Moral, al igual que otros valiosos militantes astures, se sintió muy ligado durante largos años.

Es completamente imposible resumir en un breve artículo los rasgos más salientes de los setenta años de vida militante de Aquilino Moral. Pero si hay un periódico en el que se debe rendir homenaje especial a Aquilino, éste es, ante todo y sobre todo, La Batalla. En efecto, si bien nuestro entrañable compañero colaboró en numerosas publicaciones obreras a lo largo de su vida, su firma apareció con asombrosa regularidad en nuestro periódico desde el año 1922, es decir, desde su fundación. Y ahora podemos decir ya sin problemas que Aquilino Moral, utilizando el seudónimo de Mario Guzmán, fue el mejor y más fiel corresponsal de La Batalla en los años 1960-1972. Basta echar una ojeada a los números de nuestro periódico de aquellos años para darse cuenta de la valiosa contribución que nos aportó Aquilino y de todo cuanto hizo para popularizar las luchas de los trabajadores asturianos. Sin embargo, hay que añadir que Aquilino fue también el mejor organizador de la difusión de La Batalla, de Tribuna Socialista y de toda la literatura política del POUM en Asturias durante los últimos quince años de la dictadura franquista.

Durante estos quince años, por decisión del CE del POUM, tuve la suerte de mantener una relación muy estrecha con él. Nos escribíamos casi todas las semanas. Él era, en general, mucho más diligente que yo en la transmisión de informaciones y documentos. Estos días, pensando en él, he vuelto a leer algunas de sus cartas de los años duros con una intensa emoción. Ello me ha permitido revivir la huelga general asturiana de 1962, que tanto influyó en la evolución del movimiento obrero y del país, los demás conflictos y luchas de los años siguientes, la fundación y el desarrollo del FUSOA (uno de los organismos de solidaridad más eficaces que hubo por entonces en España y al que el POUM aportó, directa o indirectamente, una ayuda considerable); la creación, la lucha y la dispersión del CRAS (Comunas Revolucionarias de Acción Socialista), animado por Luis García Rúa, los avatares de Gesto de Gijón y la organización del comité de solidaridad y de lucha de Asturias. Aquilino intervino en todos estos organismos y en todas estas actividades con una constancia ejemplar. Al propio tiempo, fue secretario de la organización clandestina de la CNT y tuvo la suerte de presidir el primer mitin público de ésta que se celebró en España, en 1976, donde afirmó su fidelidad a la CNT y su condición de militante del POUM, cosas de las que siempre se había enorgullecido.

La prensa asturiana ha destacado sobre todo su calidad de militante sindicalista. Nosotros tenemos la obligación elemental de evocar que Aquilino Moral fue uno de los primeros militantes de Asturias que se solidarizaron con la oposición comunista de Maurín, que figuró entre los fundadores del Bloque Obrero y Campesino en esa región, junto con aquellos camaradas inolvidables que fueron Benjamín Escobar (principal responsable del célebre Sindicato Único de Mineros), Marcelino Magdalena, José Prieto y tantos otros. En 1935, cuando se fundó el POUM, Aquilino, Escobar, Magdalena, Prieto y Grossi coincidieron en la misma organización con Emilio García, Agustín Lafuente, Ignacio Iglesias y todos los compañeros procedentes de la Izquierda Comunista. Durante la Guerra Civil y la revolución, Aquilino, como todos, tuvo que hacer frente a las calumnias y a la represión estalinistas, de las que pudo protegerse por su militancia y su prestigio en la CNT. Encarcelado por los franquistas tras la caída de Asturias, fue a parar a la prisión de Burgos, donde permaneció hasta 1941. Liberado, fue uno de los primeros organizadores del movimiento obrero asturiano en los años más duros y sangrientos y no interrumpió jamás su actividad hasta su muerte.

Fuertemente preocupados por las consecuencias que podía tener su infatigable actividad, le hicimos venir a París tres o cuatro veces. Charlamos con él largamente sobre los problemas de Asturias; le incitamos a ser más prudente, pues nos angustiaba que, a su edad, pudiera ir de nuevo a la cárcel y ser objeto de los malos tratos policiales habituales en aquellos años. Cuando le dijimos que ciertas tareas eran más propias de los jóvenes que hombres como él, nos contestó, rotundo, que él “no era viejo”. Nos asombró, como a todos, su memoria privilegiada. En una ocasión explicó con un lujo impresionante de detalles el desarrollo del célebre congreso de La Comedia, celebrado por la CNT en 1919 en Madrid, donde Aquilino conoció a Maurín, a David Rey y a Nin. Recordaba los nombres y apellidos de los principales delegados y hasta fragmentos de los discursos que habían pronunciado. Impresionados por ello, le incitamos a que escribiera sus memorias, cosa que hizo poco después. Pero por motivos sobre los cuales no queremos extendernos, tales memorias no se han publicado todavía.

En los últimos años, Aquilino Moral fue visitado por infinidad de profesores y estudiantes interesados por la historia del movimiento obrero. Todos obtuvieron de él informaciones de primera mano y todos salieron de su casa orgullosos de haber podido conocer a uno de los militantes más representativos de una generación extraordinaria del movimiento obrero asturiano.

Nosotros, sus camaradas, sus amigos de los días ingratos, le profesábamos un afecto difícil de explicar. Era, para todos, un ejemplo de voluntad, de combatividad, de generosidad y de coraje. La simple presencia de este obrero metalúrgico que se había forjado a través de largos años de lucha, constituía una especie de aliento permanente, de incitación a perseverar en medio de todas las dificultades y por encima de todos los abandonos. Su muerte ha sido un duro golpe para nosotros. Ya no volveremos a charlar con Aquilino. Mas nos queda el consuelo de que pudo ver el fin de la dictadura franquista y asistir al renacimiento del movimiento obrero. Y nos queda la lección de su vida, que fue una lucha constante, sin pausas ni treguas, por la emancipación de la clase obrera y la victoria del socialismo auténtico. Todos los que le conocieron saben que esto significa mucho. Pero nadie lo sabe tan bien como los que tuvimos la suerte de ser sus camaradas y sus amigos participando, de una forma u otra, en el combate admirable de su existencia ejemplar.