Josep Comabella Rabassa (Wilebaldo Solano, 2000)

Josep Comabella y Rabassa nació en 1908 en Ponts, pueblo de la provincia de Lérida, y murió en Barcelona en 1981, tras una vida agitada e intensa en la que se destacó brillantemente en diversos dominios. Huérfano de padre en plena infancia, se trasladó con su familia a la ciudad de Lérida, donde se desarrolló su vida escolar, tras la que comenzó a trabajar en una ferretería. Se formó por sí mismo como tantos jóvenes de su época y se destacó en seguida por su pasión por la literatura y las luchas sociales. Leer artículo «Josep Comabella Rabassa (Wilebaldo Solano, 2000)»

1937. Buró Internacional de las Juventudes Revolucionarias

Acta de la reunión del Comité Central del Buró Internacional de las Juventudes Revolucionarias en Barcelona el 9 de mayo de 1937. Traducción de Brigitte Engelfried y Pello Erdoziain del texto original en alemán. Archivo de Willy Brandt (Oslo).

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Enrique Ariño, un militante ejemplar (Wilebaldo Solano, 2002)

El 13 de marzo de 2002 falleció en París el compañero Enrique Ariño Quintilla como consecuencia de una grave enfermedad que le mantuvo alejado de toda actividad política. Ariño nació en 1912 en Barcelona y fue miembro del Comité Ejecutivo de la Juventud Comunista Ibérica durante la guerra civil y del Comité Ejecutivo del POUM en los últimos años del exilio. Había nacido en Barcelona el 13 de abril de 1912.

Enrique Ariño era ceramista. Le enseñó el oficio Joaquín Carbonell, simpatizante del Bloque Obrero y Campesino. Trabajó durante muchos años en una importante empresa de cerámica de Barcelona e ingresó en el BOC siendo muy joven y se integró en seguida en la Juventud Comunista Ibérica. Era lo que podríamos llamar el militante obrero ejemplar de aquellos años. Sólo había pasado por la escuela primaria y tenía una sed de instrucción y cultura impresionante. El militante sindical y político, con pleno sentido de sus responsabilidades, quería saber todo lo que no le había procurado la enseñanza elemental. Leía y estudiaba con verdadera pasión y se acercaba a los estudiantes de la Juventud Comunista Ibérica en demanda constante de informaciones y libros. Cuando creamos la Asociación de Estudiantes Revolucionarios, se puso en relación con nosotros para que estableciéramos una relación eficaz con los alumnos de formación profesional de la Escuela Industrial de Barcelona, cosa que logramos sin dificultad y dió un nuevo carácter a nuestra organización. La AER comenzó a ser considerada y respetada por los dirigentes de la famosa Universidad Autónoma de Barcelona.

Ariño, siempre disponible para el trabajo y la acción, participó en todas las actividades del BOC, de la JCI y del POUM (manifestaciones, huelgas, jornadas de Octubre de 1934, lucha contra los militares insurrectos en Julio de 1936). En septiembre de l936 fue elegido miembro del Comité ejecutivo de la JCI en la conferencia general de esta organización celebrada en Barcelona, Fue secretario de organización hasta su detención por la policía stalinista en Abril de 1937. Los jueces le enviaron a la Prisión del Estado de Barcelona donde se encontraban Andrade, Solano, Gorkín, Rodes y otros dirigentes del POUM. Fue evacuado con ellos a la prisión de Cadaqués dos días antes de la caída de Barcelona. Logró, como los demás, pasar a Francia. Cuando estalló la guerra fue asignado a Chartres en residencia vigilada, con Andrade y Solano y otros compañeros.

Durante la segunda guerra mundial vivió en condiciones muy difíciles y estuvo a punto de ser deportado a Alemania. Finalmente, logró un trabajo interesante en una fábrica de porcelana de Limoges. Siguió militando en el POUM y fue elegido miembro del Comité ejecutivo en 1970. Regresó a España en 1976, pero motivos profesionales y familiares le obligaron a volver a París. Enrique Ariño, como tantos otros militantes de la JCI y del POUM, vivirá en la memoria de todos los que le conocieron y le estimaron en los días de lucha y de gloria de su generación que están fuertemente grabados en la Historia.

Los nuestros: Alberto Aranda (Wilebaldo Solano, 1997)

Semblanza publicada originalmente en Iniciativa Socialista nº 45, junio de 1997, e incluida en el libro de Wilebaldo Solano El POUM en la historia

El 6 de abril falleció en Madrid, donde vivía después de un largo exilio en Francia, Alberto Aranda, obrero mecánico del «Metro» madrileño y militante ejemplar del POUM. Tenía 92 años y nos parecía que iba a seguir viviendo porque su sola presencia, cordial y estimulante, nos impresionaba a todos sus amigos y compañeros. Hablar y bromear con Aranda era siempre un placer. Como lo pudimos comprobar, una vez más, en los actos que se realizaron en Madrid en Junio de 1995 para celebrar el triunfo de Tierra y Libertad, el magnífico film de Ken Loach.

Aquella noche, Aranda contó muchas anécdotas de su vida militante y yo sugerí que se le hiciera una larga interviú filmada sobre sus actividades en los momentos más importantes de las luchas del POUM (guerra civil, represión stalinista, clandestinidad bajo el fraquismo) ,en los que Aranda estuvo siempre en primera línea. Fue de los mejores en todas las misiones que le confió el partido. En fin, tengo entendido que mi sugestión se aplazó demasiado.

En Julio de 1935, Aranda intervino en las luchas de Madrid para aplastar a los militares sublevados y en seguida participó en la organización de la Columna Motorizada del POUM de Madrid mandada por el vasco-argentino Hipólito Etchebehere. Esta columna combatió en: el frente de Sigüenza con el Batallón Pasionaria en aquellos días de euforia unitaria «en que todos parecíamos unos» en el gran combate. La propia Pasionaria, tan sectaria después, le había dicho a Hípólito que «ahora no hay más problema que la lucha común contra el fascismo». Hipólito murió poco después al frente de su columna, como otros mílícianos del POUM de Madrid y de Extremadura.

Las misiones especiales de Aranda

Aranda se ocupó al principio de instruir a los milicianos recién reclutados en el manejo de las armas. Pero cayó herido en la catedral de Sigüenza y fue evacuado a Madrid y luego a Barcelona. Poco tiempo después se incorporó a las milicias del POUM del frente de Aragón. Cuando se desencadenó la represión stalinista impuesta por Moscú y se produjo la disolución de la 29 División que mandaba Josep Rovira (episodio reconstruido en Tierra y Libertad por Ken Loach) se creó una situación muy especial para los combatientes del POUM en los diversos frentes.

El POUM estaba en ilegalidad y no podía disponer de unidades militares. La directiva general fue que los oficiales y soldados poumistas se presentaran en los centros de reclutamiento, donde en principio tenían que ser distribuidos en diversas unidades «según sus méritos». Indalecio Prieto, ministro de Defensa, liberó a Josep Rovira, jefe de la 29 División y garantizó que los oficiales poumistas nombrados por el Ministerio conservarían sus funciones. Crescenciano Bilbao, subsecretario de Defensa, garantizó tambien los nombramientos de comisarios políticos. Pero los primeros combatientes del POUM que se presentaron en los centros de reclutamiento o en los mandos de las Divisiones fueron rechazados o detenidos. Algunos de ellos, como el Comisario Hervás y los maestros Trepat y Xuriguerra fueran asesinados.

Ante esta situación, que, como era natural, provocó una campaña de denuncia de tales crímenes en nuestra prensa clandestina (La Batalla, Juventud Obrera y demás), el Comité Ejecutivo del POUM decidió nombrar una comisión encargada de la «cuestión militar» (Rovira, Arquer, Solano). Esta comisión se puso en relación con los organismos dirigentes de la CNT-FAI, de la Izquierda Socialista (Largo Caballero, Zancajo) y de la prensa no sometida al stalinismo. Sin grandes problemas, llegamos a un acuerdo para que los combatientes poumistas se incorporaran a las Divisiones y Brigadas mandadas por cenetistas y socialistas de izquierda y, a veces, prietistas. De esta manera salvamos de situaciones difíciles a centenares de compañeros. La tarea resultó más fácil gracias a la acción personal de Pedro Herrera, secretario de la FAI, y de Crescenciano Bilbao, y al trabajo excepcional de un pequeño equipo animado por Alberto Aranda, que hizo el enlace entre el C.E. del POUM y los núcleos del POUM dispersos en las unidades militares de los frentes. Aranda y sus adjuntos mantenían la relación, establecían contactos, difundian nuestra prensa y nos traían las informaciones y la temperatura que prevalecía en los frentes. Más de una vez pasamos momentos de angustia al comprobar que Aranda no volvía en las fechas previstas y al pensar que podía haber caído en una trampa del SIM ruso-stalinista. Pero la cosa funcionó bien hasta la caída de Barcelona.

Enlace en la frontera de los Pirineos

Este episodio, que es quizás el más importante de la vida de militante de Alberto Aranda y que, como me decía recientemente un amigo, podría facilitar un material fabuloso a cualquier novelista con un poco de imaginación, no es el único digno de consideración y exaltación. En los años 40-50 (segunda guerra mundial y caída del fascismo en Europa) el POUM, solo o en contacto estrecho con los primeros grupos de la Resistencia francesa mantuvo diversos servicios de enlace entre Francia y España. Tanto para sacar de España a antifranquistas perseguidos como para ayudar a pasar a España clandestinamente a los antífascistas y revolucionarios acosados por la Gestapo y la policía de Vichy. Pero, con todo, la tarea esencial fue la relación y el trabajo ilegal de las organizaciones emigradas en Francia con las primeras fuerzas que iniciaron la resistencia al terror franquista en 1939-1942 en Barcelona, en Madrid y en Asturias. El POUM se reconstruyó muy pronto y una pequeña vanguardia heroica logró denunciar el propio asesinato de Lluis Companys mediante un periódico especial escrito en la Cárcel Modelo de Barcelona y difundido en condiciones increibles.

Alberto Aranda, exiliado en Dijon tras haber logrado salir del campo de concentración, se ofreció en seguida al C.E. del POUM para incorporarse al servicio de enlace con España que dirigían Luis Roc y Ramón Bitriu, un militante leridano injustamente olvidado. Su oferta fue aceptada sin vacilaciones porque todos conocíamos las cualidades de Aranda: experiencia, valor acreditado, sentido de la responsabilidad, afán de ser útil en las misiones más audaces y arriesgadas, fidelidad al POUM calumniado y perseguido por múltiples adversarios. Y casi no es preciso decir que Aranda estuvo a la altura de las circunstancias en todo momento durante varios años. A él se le confió todo lo más delicado y peligroso. Las fuerzas de represión atacaron a nuestro servicio, asesinaron al compañero Franquesa en Barcelona, nos obligaron a interrumpir misiones de otros camaradas. Aranda siguió siempre en su puesto hasta el momento en que consideramos que era mejor que se replegara a Dijon, donde siguió trabajando como mecánico y militando como poumista. Luego vino su jubilación en Ceret y su regreso a Madrid, en donde se incorporó a la Fundación Andreu Nin y tuvo la suerte de pasar los últimos años de su vida -los años de Operación Nikolai y de Tierra y Libertad, de la gran rehabilitación histórica del POUM- con jóvenes camaradas que le respetaron y estimaron y que no le olvidarán. Era un hombre sencillo, bueno, jovial, que inspiraba la consideración y la simpatía.Y fue un gran militante del POUM.

Aquilino Moral (1896-1979). W.Solano 1997

El 16 de febrero de 1979 falleció en La Felguera (Asturias) nuestro compañero Aquilino Moral Menéndez, militante de la CNT y del POUM. Su entierro constituyó una impresionante manifestación de duelo, a la que se asociaron casi todas las organizaciones obreras de la región. Su féretro fue llevado a hombros por sus camaradas y amigos más íntimos desde su casa hasta el cementerio de Pando, donde Aquilino reposará para siempre.

Aquilino Moral tenía ya 85 años. Pero ni él ni nadie de los que convivían con él pensaban que el fatal desenlace pudiera producirse tan pronto… No hay aquí la menor paradoja. Aquilino era un hombre de una enorme vitalidad. Pese a sus años, había conservado una lucidez excepcional, una memoria prodigiosa y un entusiasmo que le envidiaban no pocos jóvenes.

La prensa asturiana ha destacado en diversas notas y artículos sus cualidades humanas, su significación sindical y política y su valor militante. La Voz de Asturias ha recordado que «semanas antes de su muerte, pegó pasquines y repartió octavillas y manifiestos a la salida de los turnos de Duro Felguera». El mismo periódico, en el que Aquilino colaboraba con artículos «mal hilvanados», según afirmaba sin pretensión alguna, ha dicho también que, enfermo en la cama, aprovechaba para dictar a una nieta suya el trabajo que sobre Melquíades Álvarez [el político republicano que, tras una evolución derechista, llegó a estar relacionado con el levantamiento militar del 17 de julio de 1936] y otras personas pensaba publicar en el Portafolio de San Pedro. En este álbum literario aparecía siempre con puntualidad su trabajo sobre el ayer felguerino. Y es que aquel ayer no se le había olvidado.

Aquilino Moral era un obrero de La Felguera, esa ciudad que tanto representa en la historia de las luchas sociales de España. Pertenecía a esa generación de militantes que se forjó en el potente movimiento obrero asturiano de los años 1915-1930. Un proletariado «profundamente reflexivo que detesta la aventura» pero que sabía mejor que nadie preparar y organizar las grandes batallas (huelga general de 1917, revolución de octubre de 1934, etc.), como analizó magistralmente Joaquín Maurín, al que, por cierto, Aquilino Moral, al igual que otros valiosos militantes astures, se sintió muy ligado durante largos años.

Es completamente imposible resumir en un breve artículo los rasgos más salientes de los setenta años de vida militante de Aquilino Moral. Pero si hay un periódico en el que se debe rendir homenaje especial a Aquilino, éste es, ante todo y sobre todo, La Batalla. En efecto, si bien nuestro entrañable compañero colaboró en numerosas publicaciones obreras a lo largo de su vida, su firma apareció con asombrosa regularidad en nuestro periódico desde el año 1922, es decir, desde su fundación. Y ahora podemos decir ya sin problemas que Aquilino Moral, utilizando el seudónimo de Mario Guzmán, fue el mejor y más fiel corresponsal de La Batalla en los años 1960-1972. Basta echar una ojeada a los números de nuestro periódico de aquellos años para darse cuenta de la valiosa contribución que nos aportó Aquilino y de todo cuanto hizo para popularizar las luchas de los trabajadores asturianos. Sin embargo, hay que añadir que Aquilino fue también el mejor organizador de la difusión de La Batalla, de Tribuna Socialista y de toda la literatura política del POUM en Asturias durante los últimos quince años de la dictadura franquista.

Durante estos quince años, por decisión del CE del POUM, tuve la suerte de mantener una relación muy estrecha con él. Nos escribíamos casi todas las semanas. Él era, en general, mucho más diligente que yo en la transmisión de informaciones y documentos. Estos días, pensando en él, he vuelto a leer algunas de sus cartas de los años duros con una intensa emoción. Ello me ha permitido revivir la huelga general asturiana de 1962, que tanto influyó en la evolución del movimiento obrero y del país, los demás conflictos y luchas de los años siguientes, la fundación y el desarrollo del FUSOA (uno de los organismos de solidaridad más eficaces que hubo por entonces en España y al que el POUM aportó, directa o indirectamente, una ayuda considerable); la creación, la lucha y la dispersión del CRAS (Comunas Revolucionarias de Acción Socialista), animado por Luis García Rúa, los avatares de Gesto de Gijón y la organización del comité de solidaridad y de lucha de Asturias. Aquilino intervino en todos estos organismos y en todas estas actividades con una constancia ejemplar. Al propio tiempo, fue secretario de la organización clandestina de la CNT y tuvo la suerte de presidir el primer mitin público de ésta que se celebró en España, en 1976, donde afirmó su fidelidad a la CNT y su condición de militante del POUM, cosas de las que siempre se había enorgullecido.

La prensa asturiana ha destacado sobre todo su calidad de militante sindicalista. Nosotros tenemos la obligación elemental de evocar que Aquilino Moral fue uno de los primeros militantes de Asturias que se solidarizaron con la oposición comunista de Maurín, que figuró entre los fundadores del Bloque Obrero y Campesino en esa región, junto con aquellos camaradas inolvidables que fueron Benjamín Escobar (principal responsable del célebre Sindicato Único de Mineros), Marcelino Magdalena, José Prieto y tantos otros. En 1935, cuando se fundó el POUM, Aquilino, Escobar, Magdalena, Prieto y Grossi coincidieron en la misma organización con Emilio García, Agustín Lafuente, Ignacio Iglesias y todos los compañeros procedentes de la Izquierda Comunista. Durante la Guerra Civil y la revolución, Aquilino, como todos, tuvo que hacer frente a las calumnias y a la represión estalinistas, de las que pudo protegerse por su militancia y su prestigio en la CNT. Encarcelado por los franquistas tras la caída de Asturias, fue a parar a la prisión de Burgos, donde permaneció hasta 1941. Liberado, fue uno de los primeros organizadores del movimiento obrero asturiano en los años más duros y sangrientos y no interrumpió jamás su actividad hasta su muerte.

Fuertemente preocupados por las consecuencias que podía tener su infatigable actividad, le hicimos venir a París tres o cuatro veces. Charlamos con él largamente sobre los problemas de Asturias; le incitamos a ser más prudente, pues nos angustiaba que, a su edad, pudiera ir de nuevo a la cárcel y ser objeto de los malos tratos policiales habituales en aquellos años. Cuando le dijimos que ciertas tareas eran más propias de los jóvenes que hombres como él, nos contestó, rotundo, que él «no era viejo». Nos asombró, como a todos, su memoria privilegiada. En una ocasión explicó con un lujo impresionante de detalles el desarrollo del célebre congreso de La Comedia, celebrado por la CNT en 1919 en Madrid, donde Aquilino conoció a Maurín, a David Rey y a Nin. Recordaba los nombres y apellidos de los principales delegados y hasta fragmentos de los discursos que habían pronunciado. Impresionados por ello, le incitamos a que escribiera sus memorias, cosa que hizo poco después. Pero por motivos sobre los cuales no queremos extendernos, tales memorias no se han publicado todavía.

En los últimos años, Aquilino Moral fue visitado por infinidad de profesores y estudiantes interesados por la historia del movimiento obrero. Todos obtuvieron de él informaciones de primera mano y todos salieron de su casa orgullosos de haber podido conocer a uno de los militantes más representativos de una generación extraordinaria del movimiento obrero asturiano.

Nosotros, sus camaradas, sus amigos de los días ingratos, le profesábamos un afecto difícil de explicar. Era, para todos, un ejemplo de voluntad, de combatividad, de generosidad y de coraje. La simple presencia de este obrero metalúrgico que se había forjado a través de largos años de lucha, constituía una especie de aliento permanente, de incitación a perseverar en medio de todas las dificultades y por encima de todos los abandonos. Su muerte ha sido un duro golpe para nosotros. Ya no volveremos a charlar con Aquilino. Mas nos queda el consuelo de que pudo ver el fin de la dictadura franquista y asistir al renacimiento del movimiento obrero. Y nos queda la lección de su vida, que fue una lucha constante, sin pausas ni treguas, por la emancipación de la clase obrera y la victoria del socialismo auténtico. Todos los que le conocieron saben que esto significa mucho. Pero nadie lo sabe tan bien como los que tuvimos la suerte de ser sus camaradas y sus amigos participando, de una forma u otra, en el combate admirable de su existencia ejemplar.

Homenaje a Claude Bourdet (Wilebaldo Solano)

Claude Bourdet, fallecido hace unos días en París, era una de las figuras más representativas de la resistencia a la impostura de Pétain y la ocupación de Francia por los nazis. Su biografía de militante y de combatiente es impresionante. Con su amigo Henry Frenay fue uno de los primeros animadores de la lucha armada y del movimiento Combat. Y, naturalmente, ello le llevó a mantener relaciones estrechas con los antifranquistas españoles, que se incorporaron muy pronto a los maquis.

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El pacto germano-soviético (agosto de 1939). Cuando Stalin brindaba por Hitler (Wilebaldo Solano, 1989)

Publicado por El Periódico de Cataluña,  19 de agosto de 1989

Hace cincuenta años, Europa y el mundo asistieron, atónitos, a uno de los acontecimientos más sorprendentes del  siglo:  la firma de un «pacto de  no agresión» germano-soviético en Moscú. Fue el 23 de Agosto de 1939. Las cámaras registraron  para la posteridad los rostros eufóricos de Stalin, Molotov, Ribentrop, Schulemburg y G. Hilger. Hitler, consultado prevíamente,  dio su visto bueno por teléfono. Stalin brindó con champán : «Sé que la nación alemana ama mucho a su Führer. Por eso me gusta beber a su salud».

Tito, Stalin y el movimiento obrero español (Wilebaldo Solano, 1980)

Mayo 1980

Por razones derivadas de la actual situación internacional, extraordinariamente tensa desde hace unos seis meses, el entierro de Tito, Presidente vitalicio de Yugoslavia, constituyó una manifestación política de duelo sin precedentes. “Personalidades» del mundo entero se dieron cita en Belgrado. Y, entre ellas, Santiago Carrillo y Felipe González.
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En el 70 aniversario de la fundación del POUM. La lucha por la libertad y el socialismo (Wilebaldo Solano, 2005)

Texto leido en el acto conmemorativo del 70 aniversario de la fundación del POUM  celebrado en Barcelona el 29 de septiembre de 2005. Wilebaldo Solano no pudo asistir al acto por encontrarse enfermo. 
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