90 años después de la llegada de la Segunda República, la valoración e interpretación de su significado histórico se sigue anteponiendo al conocimiento de los hechos y la comprensión de su contenido político y social. Al ser el período más revolucionario de la Historia Contemporánea de España, sobre el que pivota la Guerra Civil, la Dictadura franquista y la Transición democrática -que decide pasar página de los crímenes de guerra y posguerra del movimiento fascista-, tanto la bibliografía franquista durante 40 años, como la liberal, socialdemócrata y estalinista otros 40, reduce, selecciona y simplifica el marco conceptual de la época a la lucha entre la democracia burguesa y el fascismo. Mientras la visión franquista durante cuatro décadas -persistente hasta la actualidad en amplios sectores de la derecha política y mediática-, olvida y denigra la República hasta el punto de criticarla en mayor medida que a la Dictadura, los partidos obreros mayoritarias se reclaman de los objetivos democrático-burgueses de Azaña, desentendiéndose de las luchas revolucionarios de la clase trabajadora en esos cinco años y reduciendo su valor a ser una muleta de apoyo social a las reformas democráticas de la República burguesa a la que combaten los trabajadores, precisamente, por su incapacidad de mejorar sus condiciones de vida y no frenar la contrarrevolución que la clase dominante lleva cabo contra sus movilizaciones en 1934 y 1936.
A pesar de que la mayor parte de la bibliografía utiliza el marco conceptual de la democracia burguesa para el análisis político en la interpretación de la Segunda República, desde los parámetros de actuación de los Gobiernos y sus leyes, cuando la realidad social rompe dicho marco, es impre
