Se necesitan un marx y un kropotkin (Víctor Alba, 2001)

Artículo publicado en el diario Avui el 8 de agosto de 2001. Traducción de Margarita Díaz.

Hace unas semanas veíamos por la televisión las desocupaciones de los okupas y a los que lanzaban piedras contra los escaparates y los bancos (okupas o policías disfrazados o ambos a la vez). Después, cuando veíamos también por televisión a los policías embistiendo a golpes de porra y tiros a los manifestantes de Génova contra la globalización, y algunos de estos manifestantes (o quizás policías italianos disfrazados o ambos a la vez) rompiendo los vidrios de los escaparates, me entraban ganas de poner un anuncio en los diarios que dijera: “Se necesitan, urgentemente, un marx y un kropotkin”.

Sí, así, en minúscula, pues tal y como están las cosas lo que hace falta no es un Karl Marx o un Piotr Alekseiévitx Kropótkin, sino alguien que haga ahora, como si fuera un oficio, lo que hicieron Marx y Kropotkin en su tiempo. Necesitamos, con urgencia, un nuevo Capital y una nueva Conquista del pan, si no queremos que los movimientos antiglobalización se vayan al garete y los jóvenes, miles y miles, que lo forman, se conviertan, desilusionados, en destrozadores de vidrios unos o, la mayoría, en yuppies.

No basta con reprimir a los rompedores de vidrios que ponen en peligro el movimiento antiglobalizador. Ellos nos contestarán que sin romper vidrios nadie hablaría de este movimiento (y puede que tengan razón, cosa no muy halagadora para la prensa, la radio y la televisión actuales).

Hay que analizar por qué son violentos, qué frustraciones les llevan a no confiar ni en la discusión ni en la presión popular. Y hay que ver que parte les corresponde en esto a los mismos contra los cuales lanzan las piedras. Pues, hasta ahora, a pesar de las buenas palabras vacías de Génova, los globalizadores no han hecho ningún caso a las manifestaciones pacíficas. ¿Os extraña que haya frustrados que se decanten por la violencia y que se dejen provocar por los infiltrados que quieren desprestigiar al movimiento?

A fin de cuentas, esto mismo lo vimos hace muchos años con los anarquistas –aunque entre ellos la violencia era individual- y también con algunos nacionalistas (¿recordáis aquel Sarajevo que fue el pretexto para la Primera Guerra Mundial?).

Es aquí, justamente, donde hacen falta kropotkins y marxs.

Miremos la historia. No ha habido ningún movimiento serio y con posibilidades de éxito sin teorías que los orientaran. Teorías que dijeran por qué las cosas eran como eran, que añadieran cómo querrían que fueran y que discutieran cómo podría conseguirse que llegaran a ser. Para los marxistas, la raíz de todos los males era la propiedad privada; para los anarquistas lo era la autoridad. Pero ambos aspiraban a sociedades sin autoridad y sin propiedad privada.

Ahora las cosas, claro está, son diferentes. Pero sigue vigente la necesidad de saber por qué hemos llegado a esto que llaman globalización (nombre tramposo, pues de hecho lo que los globalizadores quieren es engullirlo todo, comerse el mundo entero) y de afirmar que los verdaderos globalizadores son, justamente, los antiglobalizadores, que querrían un solo mundo, en lugar de un Primer y un Tercer Mundo.

No es suficiente con esto. Hay que encontrar explicaciones de por qué nuestra sociedad y nuestra economía hacen necesaria la globalización, explicaciones que no sean tan engañosas como el deseo de civilizar de los colonialistas del siglo XIX. Sin encontrar explicaciones, nos tendremos que contentar con manifestaciones. Por ello, para esclarecer todas estas cosas y muchas otras, hacen falta marxs y kropotkins, analistas de la realidad, capaces de hacer propuestas sobre a dónde ir y cómo, propuestas capaces de atraer y movilizar a las multitudes no solamente por sentimientos, sino también por razonamientos, y también convertir en militantes a los que ahora lanzan piedras.

Un indicio de que los antiglobalizadores tienen futuro sería, justamente, que entre ellos surgieran estos kropotkins y estos marxs que nos faltan y que los supieran escuchar. Esa sería la prueba de la madurez y la eficacia del movimiento y le abriría las puertas del futuro.

Toquemos madera, crucemos los dedos y pongamos la mano detrás de la oreja por si hay voces que nos hablan del futuro y no las hemos oído.

Sobre el autor: Alba, Víctor

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Día publicada: marzo 15, 2019
Escrito por: Alba, Víctor
Categoría: Espacios libres